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¡La causa de una cosa es todo lo demás!

Es común a todos ver el mundo como algo que está fuera de nosotros. Hablamos de él y lo abordamos como si fuera un objeto de estudio frente al cual nos encontramos, lo observamos como si estuviéramos a cierta distancia de él, lo explicamos como si fuera un conjunto de relaciones entre causas y efectos; de hecho decimos ingenuamente “hemos venido al mundo” -¿cuál será la razón por la cual hemos venido al mundo?-, y de esta misma forma nos asumimos como individuos, seres independientes del mundo: el mundo allá y nosotros acá. Lo peor de todo es que, hasta hace poco, conceptos como el de desarrollo o el de cultura se pensaban en función de cosas, como la tecnología por ejemplo en el caso del primero, queriendo relacionarlo con avances científicos, o como el arte, en el caso del segundo, queriendo relacionarlo con lo culto. Sólo recientemente se entendió que tanto el uno como el otro abarcaban la dimensión humana y que ésta es indivisible del entorno, es decir, no sólo estamos en el mundo, ¡somos él!
La angustia humana tiene mucho que ver, a mi juicio, con pensar que somos seres aislados del mundo y entonces hay como un misterio que envuelve al ser humano, un misterio que se traduce en un silencio –vacío- que intentamos llenar, es como una necesidad de trascendencia que intentamos superar buscando formar parte de algo, y entonces somos consumidores, todo lo queremos tener todo lo queremos saber, dependemos siempre de algo y esa dependencia es una revelación del vacío –silencio- que vivimos. El consumo de sustancias psicoactivas, como aspecto que atañe a esta columna, es motivado también por esa búsqueda de pertenecer a algo, de no sentirnos solos, de encontrar respuestas diferentes y más suficientes que las que proporciona la razón. Es necesario hablar de drogas y este es un llamado a las familias, a los colegios, las universidades, las empresas: hay que hablar de la experiencia, de la vivencia, de la búsqueda, de la oferta y la demanda, hay que propiciar los espacios para canalizar esta necesidad de trascendencia, para expresarla de otra forma; no se trata de decir si está bien o mal, eso no corresponde a nadie, se trata de facilitar, de acompañar, de orientar, de informar, de generar la reflexión. Hoy día las drogas son como un chicle que se vende y se consume en todas partes y por todas las personas, ¿qué es lo que está motivando su consumo? ¿Es suficiente una charla aburridora sobre las consecuencias de consumir algunas drogas? ¿Es suficiente y práctico decir No a las drogas? Por eso es un disparate ver a las drogas como un problema que tiene una solución (¡diga no y listo!) porque estaremos olvidando entonces que la causa de una cosa es todo lo demás. Las drogas no son algo que están allá y nosotros acá. Son una expresión y una búsqueda del sujeto, por ello se ubican en un plano cultural que abarca justamente toda la dimensión humana. Hay que revisar muchas cosas al respecto porque no es tan sencillo hablar de este tema. De una cosa sí estoy seguro hay que seguir ¡hablando de drogas!