Hace poco un directivo me preguntó ¿qué podía hacer él para reducir el consumo de sustancias psicoactivas (SPA) en la universidad? Días antes, por mera coincidencia, alguien me había compartido los resultados de una investigación hecha en esa institución acerca del consumo de sustancias psicoactivas en los estudiantes. Los datos no decían nada más que unas cantidades en relación a una población, eso sí, cantidades muy altas.
Tras conversar con ambas personas supe que no conocían a su población de consumidores, que no sabían nada acerca de sus espacios de conversación y de intercambio, que su perspectiva estaba sesgada a sus propios prejuicios y que por lo tanto no tenían una lectura acerca de los sentidos que podía tener el consumo de SPA para estos grupos. En consecuencia, lejos estaban de acertar con alguna estrategia.
He sido testigo de lo fácil que es hablar de este tema en las universidades. Hace poco viajé a un resguardo indígena con una socióloga, profesora de una universidad, y durante el viaje no hizo otra cosa que hablar con una supuesta propiedad acerca de las drogas. Cuando me daba opción de interpelar, le confrontaba su discurso con casos reales de jóvenes con quienes he tenido contacto y proceso, combos, pandillas, personas en estado de vulnerabilidad, investigaciones realizadas, etc., no desde lo terapéutico –que es válido aunque no necesariamente pertinente-, sino desde la perspectiva cultural; ella simplemente se quedaba en silencio.
Al llegar al resguardo y tener relación con estas personas, me di cuenta de su falta de tacto, que representaba en ese momento la distancia tan grande entre la academia y la vida real. Desde esta posición es precisamente desde donde se han formulado muchas veces las estrategias en las universidades: personas valiosas, con mucha información, llenas de datos, con poder de decisión pero sin una pizca de conocimiento, sin un principio de realidad. Por esta vía se van los presupuestos, las promesas, los procesos frustrados; lo peor de todo no es eso, sino el imaginario que se nutre de estos ensayos, la idea que queda en el entorno juvenil acerca de los procesos de prevención y reducción del consumo y el convencimiento institucional de que estas intenciones son verdaderos tiros al aire.
Es común que no se sepa qué hacer en estos casos porque es común también que el único referente que se tiene para tomar decisiones corresponde no sólo a antecedentes estadísticos, sino a los perfiles de las personas que toman estas decisiones quienes, o no tienen estudios relativos al tema o los que tienen responden sólo a la variable terapéutica sin ninguna visión frente a lo cultural, o son personas que no tienen experiencia de campo con grupos poblacionales en riesgo o vulnerables y que no han confrontado sus pre-saberes, lo que genera barreras con los jóvenes por desconocimiento de su mundo y pérdida de su confianza, que en este caso es, sino el más, uno de los resultados más importantes y menos tenidos en cuenta.
Con respecto al directivo que me pidió asesoría le respondí: por paradójico que parezca, cada cosa que se ha hecho por prevenir o por reducir el consumo lo que ha motivado es su incremento, porque lamentablemente estamos hablando no sólo de un acto de consumo sino de un fenómeno que no puede ser abordado desde un ángulo sino desde el conocimiento de las dinámicas culturales que se dan en los contextos universitarios, en este caso, y que implica un proceso mediado por la confianza.
Miren, respetados lectores, tomar decisiones de este tipo sin un conocimiento cercano a la realidad juvenil es uno de los errores más comunes cuando de políticas y programas de prevención y reducción se trata. Tener conocimientos técnicos y farmacológicos sobre las SPA es tan fácil que todo se consigue en la Internet. Pero trabajar de abajo hacia arriba, llegar a los jóvenes y generar reflexión sobre su mundo es un proyecto duro, especial, mal pago, subestimado e interrumpido el 90% de las veces porque quienes toman las decisiones piensan que la confianza con los grupos es tan irrelevante como la sensatez al momento de dirigir estos procesos.