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¡Lástima que vayamos en contravía a la realidad!

El fenómeno de las drogas es una oportunidad de revisar hasta qué punto la libertad que se promulga en la Carta Política del 1991, está respaldada por una educación para la libertad que enseñe no sólo a usarla con responsabilidad, sino a asumir como Estado y como sociedad las consecuencias de ese derecho que es reconocido en cada individuo.
De seguro se encontrarán vacíos a este respecto, así es que habrá que asumir los costos públicos relacionados con estas ausencias, uno de ellos la discusión acerca del consumo de SPA en contraposición a la libertad que implica este acto. Hablar de la libertad pensando que ésta se reduce sólo al derecho que una persona tiene de tomar una decisión de consumo es un craso error, ya que todo derecho implica una concepción del mismo: es una construcción social, ideológica, que es definida desde factores políticos, administrativos, económicos, culturales, que lo hacen posible. Si un ciudadano es libre, lo es porque hay una sociedad que lo reconoce como tal, porque hay toda una estructura administrativa, jurídica, política, social, cultural que encara esa posibilidad, que la asume. Debe decirse, pues, que la libertad como derecho implica un alto nivel de responsabilidad con quien es titular de ese derecho, puesto que su integridad como persona está en juego así como la de una sociedad que ampara, reconoce, promueve y educa en principios de libertad para su libre ejercicio.

Pero también es sensato decir que, aunque es del todo cierto que quien consume -adicto o no- lo hace porque quiere, hay que señalar que ante la ignorancia que una persona pueda tener frente a los efectos de determinada sustancia en su organismo, es probable que su consumo le genere dependencia orgánica y que esta dependencia no haya podido ser calculada por la persona, por lo que a ella le es casi imposible rechazar y controlar este impulso de su cuerpo: de repente es farmacodependiente, pero paradójicamente tiene una plena conciencia de no querer consumir, incluso desea que una fuerza exterior a ella, divina o no, le ayude a terminar con la subordinación a los efectos adictivos que tuvo la droga en su organismo (sería bueno en este caso hacer un sondeo entre consumidores para saber qué tanto una persona que consume alguna sustancia psicoactiva, quiere que otra que no lo hace, termine haciéndolo, o al contrario, quiera que ni siquiera lo intente porque tal vez sabe la incertidumbre a la que se enfrenta).

En todo caso, debido a que la democracia es un sistema de gobierno que se caracteriza por la posibilidad que tienen los ciudadanos de elegir libremente, sería paradójico pensar que justo el ciudadano que le da vida al sistema, no pueda hacer uso de su libertad individual en los términos que él considere propios, sin menoscabar por supuesto los derechos de las demás personas. Así que el libre desarrollo de la personalidad –consagrado en este caso en el Art. 16 de la Constitución Nacional- es una condición sin la cual no se podría resaltar el papel tan importante que juega la sociedad en la definición de su condición y calidad de vida, mucho más cuando el proceso de modernización del estado colombiano, formalizado en la Carta Política de 1991, promueve y reconoce la posibilidad que tienen las comunidades de liderar procesos de autodesarrollo fundamentados en el conocimiento que ellos tienen de su realidad y en el querer llegar a otra  -entendida mejor que la que se da como actual- con acompañamiento y apoyo del estado, condiciones que son consideradas en el marco de la nueva concepción de desarrollo -que habla del mejoramiento constante de la calidad de vida del hombre por definición-, y de modernización -que habla de facilitar la estructura político administrativa y socioeconómica para que esas condiciones puedan darse-.

Es ideal entonces que cuando se piense en prevención, se considere articular la educación al uso de la libertad como principios de la filosofía democrática, pero también como estrategia cultural para hacer un abordaje integral al fenómeno, ¡lástima que vayamos en contravía a la realidad!